| El
Otro, El Mismo
Bajo la curaduría de Federica Palomero, El
Otro, El Mismo -que así se denomina la muestra, en clara
alusión al poemario del argentino Jorge Luís Borges-,
se inaugurará el domingo 1 de marzo a las 11 de la mañana,
y por poco más de un mes la galería estará
presentando en sus espacios, los últimos trabajos de Vivenes.
En esta oportunidad, el artista presenta obra en papel, objetos
tejidos y lienzos, en los que se hace presente el juego pictórico
entre cosas ideales y concretas, aunado a la ambigüedad visual,
todo ello plasmado en un total de 25 piezas.
Vivenes -que vive y trabaja en Catia La Mar, estado
Vargas- inspirado en la práctica reveroniana del ensamblaje
y la precariedad del material, logra captar la atención del
espectador a través de una diversidad de recursos expresivos,
no ya sólo con sus habituales e inquietantes personajes,
quienes en pequeños grupos o por sí solos, emergen
de una densa y matérica penumbra en algunos casos, o envueltos
en la riqueza expresiva del trazo en carboncillo, y de la tinta,
en otros. En esta oportunidad se vale además, del collage,
en un acertado intento por darle soporte visual a una obra que conceptual
y emocionalmente, se sostiene por si sola.
El Otro, El Mismo muestra también a través
de los objetos expuestos, un deslinde de la complacencia y el esteticismo.
El artista, fiel a sus principios, evidencia y justifica el uso
del desgastado material en objetos y marcos, delicada y pacientemente
elaborados. Como asevera Federica Palomero “…un lento
trabajo de buscar y acumular esos retazos, de pegar, ensamblar,
tejer con paciencia de artesano y otorgar un destino a todo aquello
que ya era casi nada”.
En esta oportunidad, el visitante apreciará
una propuesta atractiva, que no lo dejará indiferente, y
en la que descubrirá el acercamiento de José Vivenes
a su entorno, al litoral central que nutre el espíritu y
la mente de este promisorio artista.
Lieska Husband de Hernández
Poco se diría de José Vivenes al simplemente
relacionarlo con el expresionismo. Sobre todo si tomamos en cuenta
que en años recientes ha surgido en Venezuela, al amparo
de esta tendencia, una pintura estridente y efectista que busca
ocultar su vaciedad bajo gruesas capas de pigmento y grandes formatos.
Este no es el caso de Vivenes; al contrario, su arte llega a ser
profundamente conmovedor, al prolongar la tradición del mejor
humanismo. Y no nos referimos tan sólo a aquellos personajes
que ya han poblado su obra, a esos retratos de seres cuya mirada
no nos suelta, sino a los marcos de maderas recogidas, a los objetos
tejidos, a los estudios de sillas vacías….
Tanto la imaginería como los recursos formales
de José Vivenes crean un universo íntimo, pero no
encerrado, pues desde su misma fragilidad logra comunicar con aquel
que lo contempla, logra suscitar una empatía en la que se
comparten sentimientos de nostalgia, melancolía y afecto,
aunque persista cierta inquietud, o incomodidad, porque también
hay algo ahí que no podemos definir y se nos escapa, algún
misterio al que no tendremos acceso nunca y que mantiene en vilo
el deseo.
Lo propio y lo ajeno: éstas podrían
ser las dos vertientes del lenguaje de Vivenes. En este sentido,
es revelador observar las fotografías –las de cualquier
álbum de familia- que toma el artista (niños, ancianos,
personajes posando sonrientes…) y su metamorfosis en retratos
perturbadores en los que tal vez surge un lado oscuro escondido
tras la cotidianidad, la familiaridad de la fotografía aficionada.
Ya en la pintura, esos mismos seres se nos antojan desvalidos, solitarios
aunque estén en pareja o en pequeños grupos. Ahora
son diferentes. Y la diferencia, mientras atrae, también
enajena. Y cuando el artista se inspira en las muñecas de
Reverón, crece la atracción, y más aún
crece la enajenación, pues ya se encontraban presentes en
los modelos.
De repente surge del fondo de una obra –esos
fondos convencionales que le restan cualquier entorno conocido a
los personajes- un rostro que bien podría ser visto en un
espejo, bien podría ser una pintura dentro de la pintura:
ambigüedad espacial que revela a otras más complejas.
Aquel que en el espejo se refleja puede ser uno mismo, o alguien
que está a nuestro lado: semejanza. O reafirmación
de otredad si el retratado es uno de los seres que habitan la pintura.
La pregunta de quienes son se transforma en otra:
¿quiénes somos? Y la respuesta queda postergada, o
detenida en el pasado. En cualquier caso, como inalcanzable en el
presente.
El artista no sólo transforma los seres, sino
las cosas. Vive cerca de la playa, ahí donde recoge materia
prima para sus marcos y otros ensamblajes: desvencijadas maderas
que antes conformaron objetos, que ya son ruinas, vestigios, y que
pasarán a ser obras de arte. Esta “estética
del deterioro” que cultiva Vivenes va más allá
de una seducción visual y táctil tal vez algo perversa;
nos habla del paso del tiempo sobre las cosas –sobre nosotros
mismos- y de los trabajos de la memoria, necesarios y dolorosos.
Otra vez aparece el recuerdo de Reverón en las ”sillas”
(en las que uno no puede sentarse) y otros enseres, tan inútiles
como todos los objetos creados para el Castillete: un homenaje discreto
a través del cual un joven artista se inscribe en la mejor
tradición del arte nacional, pero también afirma su
propio quehacer, en un lento trabajo de buscar y acumular esos retazos,
de pegar, ensamblar, tejer con paciencia de artesano y otorgar un
destino a todo aquello que ya era casi nada.
Ahora Vivenes ha agregado a su iconografía
un registro de sillas, desde las banales de las cocinas hasta las
sofisticadas de diseño. Sillas que cuentan nuestra historia
en ausencia, y en este sentido, si bien buscan de cierta manera
aportar algo de objetividad (no sólo por ser objetos sino
por ser estudiadas como estructuras racionales), no dejan de participar
de una visión del mundo ante todo afectiva, algo elusiva,
en el que no existen certezas (el artista anota, escribe, pero aquello
escrito queda tachado, rayado, ilegible) sino aquella de la capacidad
del mejor arte de ser pregunta más que afirmación.
Federica Palomero/febrero 2009
Del 01 de marzo hasta mediados de abril de 2009
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